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Tuesday 7 april 2009 2 07 /04 /Abr /2009 07:15
El dia de hoy me senti un poco indulgente con esto de las relaciones personales y debo confesar que tambien algo sentimental, quizas algunos se sientan asi, quizas no, o quizas algun dia lo sentiran.

Igual importa, igual no tanto, el decidir que hacer depende de nosotros, finalmente el control esta en cada quien, aunque no lo queramos tomar.

Te veo y te vi, son momentos que vuelven, recuérdame que es verdad, no me dejes caer en la ilusión de que nunca paso, yo me quedare aquí, el mundo podrá girar, pero no me moveré.

Te siento igual, ni una noche, ni un día lo podrán cambiar, fue un fallo menor, apenas un error, que nos trastorno, me cambio, nos separó.

Vuelo a través del tiempo, regreso aquel momento, hundida en el recuerdo de aquello que pudo cambiar sí el hubiera existiera.

Mírame otra vez, mi mundo se derrumba y solo tú lo puedes detener, sostén mi ser, aquel que se ve fallecer.

Decidir que hacer, no importa que, aquí esperaré…tú resolución, tú conclusión, puedo asegurar que te seguiré hasta donde me permitas llegar, lo demás no importa, los demás sobran, somos tú y yo…y el nosotros persiste si tú lo permites.


Y bueno pues para momentos como estos solo queda seguir bebiendo, recuerden que siempre es bueno sentir, incluso cuando se sufre.

Por zaty
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Wednesday 1 april 2009 3 01 /04 /Abr /2009 05:20

pEz


Tengo un pez beta, se llama Rusty James, para todos aquellos a los que les gusten los pececillos, pues aqui les dejo una historia jejeje .................



La pequeña Vanesa era una niña inquieta que nunca paraba de curiosear, coleccionaba cosas que se encontraba en la calle siempre y cuando brillaran, le gustaba ver bichos que ninguna otra niña se atrevía a tocar y después seguirlos, según ella para descubrir donde vivían y así poderlos visitar con frecuencia. Sus gustos en comida eran bastante particulares, ya que sus combinaciones no eran del agrado general, como sándwiches de cereal de bolitas de chocolate y mermelada de zarzamora.

Como toda niña siempre había querido tener una mascota presumible, un conejo al que le teñiría  el pelo de color verde, una iguana a la que le enseñaría malabares, o quizás una tarántula a la que le pegaría tres patas más, sin embargo lo único que había conseguido hasta ahora era un pez beta, el cual había sufrido un destino fuera de lo digno y respetable en el mundo de los peces y una muerte nada deseable para ningún ser vivo.

La madre de Vanesa, era una mujer controladora que siempre quería que todo se hiciera a su manera, cosa que le había fallado el día que se había enterado de su inesperado embarazo y claro lo que había causado la huida del susodicho cómplice de aquella gestación, pese a todo la madre había salido adelante, sin embargo su carácter no mejoró mucho, por el contrario se hizo una fanática de la limpieza y el departamento en el que vivía con su hija siempre se encontraba impregnado de olor a lavanda.

 

Era por esas circunstancias que la madre de Vanesa no soportaba ninguna clase de vida en el departamento que se moviera y no fuera humana, la idea de los peces no le atraía mucho, pero al menos con eso controlaba las ansias de una mascota de su pequeña. El día de la muerte de Silerio el señor sireno el pez beta, la madre de Vanesa había sentido tanta culpabilidad por haberse alegrado de aquella tragedia que decidió comprar otro pez  para reemplazar al fallecido, sin embargo le advirtió a Vanesa que si este nuevo pez moría, sería la ultima mascota que tendría y no volvería a molestar a su madre con el tema de los animales.

Vanesa se sintió muy afortunada en la tienda de mascotas al escoger a este nuevo pez, eligió el más bonito e inquieto, igual que ella, era de color azul oscuro con las aletas de color rojo, la encargada que para nada parecía saber algo acerca de animales, sobre todo por la masa de maquillaje que tenía en la cara y  que la hacía ver poco confiable, pese a eso Vanesa compró el pez y se fue directo a casa, era domingo y tenía que preparar sus cosas para el día siguiente pues había escuela.

El cuarto de Vanesa estaba distribuido en excesivo orden, gracias al toque femenino de su madre, su cama se encontraba pegada a la pared, donde había una ventana que le proporcionaba luz a la habitación y daba al pasillo externo del departamento, del otro lado de la cama se encontraba un buró donde anteriormente se encontraba la pecera, sin embargo Vanesa decidió poner a su pez a quien llamó Capitan Houdy  en la repisa de la ventana para que también recibiera un poco de sol. Conforme iba atardeciendo el calor de verano aumentaba, Vanesa quien atendía sus asuntos escolares no tenía mas remedio que aguantar estar en su habitación, ya por la noche el calor fue un tanto insoportable así que Vanesa abrió la ventana y se acobijó sólo con sus sabanas.

 

A la mañana siguiente Vanesa fue la primera en salir del departamento, tan apresurada estaba que dejó sin querer la reja del pasillo abierta, la madre de Vanesa salió media hora después, también algo apresurada tropezando con el perro del vecino, un pequeño schnnauzer que constantemente dejaban que jugara por los pasillos de los departamentos, cosa que no le hacia nada de gracia a la madre de Vanesa, pero en ese momento no le importó mucho, pues su prisa se convirtió en su prioridad y sin darse cuenta dejó al perro encerrado dentro del pasillo de su departamento.

El día transcurrió pesado y largo, un día más de escuela para Vanesa, se sintió casi conmocionada cuando el reloj de su salón dio las dos de la tarde, su hora de salida. Esa ves no se detuvo a platicar con sus amigas, ni a comer helado de limón del señor de las nieves, ese día prefería ir a ver al Capitán Houdy, al subir las escaleras tropezó con el perro del vecino, aquel pequeño schnnauzer, Vanesa pensó que si su madre lo llegase a ver desaprobaría por completo que el perro anduviese libre por todo el edificio, llegó al pasillo de su departamento, abrió la reja y entró a su casa, al entrar a su cuarto no quiso creer lo que veía, sin embargo ahí estaba, o más bien no estaba, Capitán Houdy había desaparecido, sólo se encontraba su pecera, vacía.

Vanesa buscó por todas partes rastros de su pez, se dio cuenta que había dejado la ventana abierta, sin embargo en el pasillo de afuera tampoco había indicios de que su pez estuviera ahí, al menos tendría que haber un cadáver, pero nada, sus teorías de lo que pudo haber pasado pasaron de lo incoherente a lo irreverente, entre ellas le adjudicó la culpa a la extraña mujer que atendía la tienda de mascotas, imaginó que su maquillaje en realidad era un disfraz para ocultar su verdadera identidad y que la mujer en verdad era una ladrona profesional de peces que iba por el mundo atormentando a pequeñas niñas como ella, o quizás pertenecía a una organización que se dedicaba a recolectar peces ajenos para examinarlos y en base a su figura crear un súper submarino que pudieran utilizar en la guerra, obviamente su paranoia ascendía cada vez más.

 

De pronto escuchó un ruido, alguien estaba abriendo la reja, pero no podía ser su madre puesto que ella siempre llegaba hasta las cinco, entonces quien seria y pensó que tal vez era el secuestrador de Capitán Houdy que venía a dejar la nota de rescate, Vanesa se escondió bajo las cobijas pero observando todo detenidamente por un pequeño agujero de su cobertor, para su sorpresa era el vecino que traía consigo un pez, no era para nada Capitán Houdy pero se parecía algo en su color, el vecino dejó a este nuevo pez en la pecera y salió del pasillo de una forma que él y sólo él podría haber llamado sigilosa.

Pero entonces que había ocurrido, Vanesa se sintió algo triste de haber perdido a Capitan Houdy, pero al menos no se podía quejar de que su pecera estuviera vacía. La curiosidad la mataba así que salió en busca de respuestas, primero era obvio que el culpable era su vecino así que fue a interrogarlo, fue así como se dio cuenta que su vecino en realidad no había tenido tanta culpa como ella creía.

 

Al parecer desde el momento en que Vanesa había dejado la ventana abierta había sido un gran error, pues a su inquieto pez se le había ocurrido saltar de más y terminar en el pasillo, donde se encontraba el schnnauzer que la madre de Vanesa había dejado encerrado, el perro que no hace distinción alguna entre estar jugando con un pez y estarlo descuartizando, el perro se comió al pez, el cual terminó sin aleta, fue cuando su dueño se dio cuenta, así que pidió el duplicado de llaves de la reja a la casera, sacó a su perro y fue a comprar un nuevo pez para que nadie se diera cuenta, pero el tiempo le ganó pues Vanesa llegó antes que él, sin embargo el vecino y Vanesa decidieron hacer un trato y no decir ni una sola palabra a la madre de Vanesa.

Vanesa finalmente se quedó con su pez a quien llamó Señor Houdini y el cual le duraría más de lo que su imaginación hubiera pensado.

Por zaty
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Wednesday 25 march 2009 3 25 /03 /Mar /2009 04:01
eehh aki una pekeña historia .........................

Era sábado, soleado para mi mala suerte, me despertaron las cortinas de mi recamara ¿abiertas? ¡quien se había atrevido a abrirlas!, seguro mi mamá, apenas comenzaba el día y ya me encontraba pensando en mi futuro, no sólo lo que me deparaban las veintitantas horas que me restaban, si no, en verdad me preocupaba mi futuro hasta la muerte, pues ese sería el veredicto final de mi ajetreada tarde, hasta que la muerte los separé.


Conocí a Ricardo cierto día que se me ocurrió acompañar a mi madre a sus compras mensuales; vestidos, zapatos, ropa interior, cosas femeninas que ella siempre intentaba meterme hasta por las orejas, lástima, nunca fui la niña predilecta que ella había soñado, más bien, me convertí en el niño que mi padre siempre quiso, uno más de los diversos conflictos que los llevaron al divorcio, sin embargo, con el paso de los años no pude dejar completamente de lado las cosas que mi madre quería enseñarme, pues me convertí en adolescente y eso me conllevó a querer verme un poco mejor.


En fin, el día que conocí a Ricardo, mi madre me obligó a entrar en su supuesta última tienda, que según mis experiencias era la penúltima, de la penúltima, de la penúltima, de todas formas accedí, al entrar, mi madre se encontró con una de sus amigas de su oficina, una señora algo gorda, pero ante todo bien vestida (según ella), fue cuando lo observe por primera ves, un chico de buen ver, sentado justo al lado de la señora, que en ese momento se estaba probando unos zapatos, los cuales a mí parecer le quedaban extremadamente chicos, es decir, no es normal que se te salte el pellejo por las orillas, pero no dije nada y me dediqué a compórtame amablemente, tal como mi madre siempre me había obligado.

Ricardo era lindo, el típico hijo de su madre, es decir, sin ofender, el estereotipo de niño bueno, tenía carisma, era deportista, caballeroso, de los pocos que te abren la puerta, o se levantan de la mesa si tu te levantas, en pocas palabras esculpido a la antigua.


En esa época me encontraba sola, soltera de las uñas de mis pies, hasta la punta de cada uno de mis cabellos, si es que eso es posible, y claro comencé a salir con él, en realidad nunca creí que se fuera a interesar en mí, sin embargo por alguna extraña razón ilógica en mi mente, lo hizo, era fácil convivir con él, tan simple que a veces me aburría, y él era tan perfecto que me desesperaba, pero ¿qué hacer?, es decir ¿porqué despreciar la perfección?, pronto me acostumbré y con el tiempo las cosas se fueron dando tan repentinamente que ni me di cuenta, así fue como llegué al punto del matrimonio.


Todos los arreglos importantes habían sido obra de mi madre y de la madre de Ricardo, eso me dejaba a mí, una participación, de cero, un pequeño beneficio que en mis circunstancias ya no podía disfrutar, en unas cuantas horas me pondrían ese lazo invisible que te deja lejos de los posibles amores que aun no existen, pero que podrían venir. No sentía miedo, ni inseguridad, más bien estaba llena de curiosidad, quería entender porqué las personas se casan, será que en verdad Dios todo lo ve, y que de importante es tener un papel que sólo te dice quien es tu nuevo dueño, como cuando adoptas a un perro.


Al hacer tal metáfora comencé a darme cuenta que quizás mí juicio estaba un poco mal, no me casaba por las mismas razones que las personas a mi alrededor, o las que veía en las novelas, por lo tanto no tenía porque casarme, bien Arlyn, me dije a mi misma, a buena hora te das cuenta.


El día transcurrió atareado, como se esperaba, me trajeron mi vestido blanco y ampón, como odiaba estos vestidos, gastar tanto dinero por algo que sólo me pondría una sola vez, era de lo más poco funcional, fue cuando pensé en crear una fundación en pro ayuda a todos los vestidos usados que se encontraban en el fondo de un armario viejo y con olor a abuelito, alguien debía salvarlos, pero antes tenía que sabotear mi propia boda, el asunto era, cómo.


Me daba lastima ver como tantas personas se habían empeñado en crear “mi día especial” ¿cómo decepcionarlos?, ¿cómo decirles, que siempre no?, definitivamente no tenía el valor, pero ¿y luego?, acaso seguiría con una vida que no aguantaba ni en mi imaginación, digo, Ricardo era lindo sí, sería el esposo perfecto ok, pero con todo respeto ¡Que gueba! Mientras yo seguía con mis problemas existenciales, el tiempo pasaba más rápido que de costumbre, todo se aceleraba, vestido, maquillaje, peinado, últimos arreglos, todo pasaba frente a mis ojos, yo quería que se detuviera, pero no era ninguna clase de diosa o santa como para detener el tiempo, así que en ese momento sólo pensaba en la resignación.


Me encontraba en una habitación a punto de salir a la misa, ¡por Dios! Tenía tanto que no asistía a una misa real, a pesar de lo católico de mi madre, nunca pudo convencerme de su dogma religioso, pero eso sí, estaba bautizada, tuve primera comunión y confirmación, así que era legal ante los ojos de Dios que me casara por la iglesia, pero estar a mano con Dios no era lo que me preocupaba en ese momento, lo primero que vi, fue a un conserje, en aquel instante de desesperación le di mis pendientes a cambio de un favor, él con gusto aceptó.


Era mi última oportunidad, si el conserje me fallaba, no quedaba más que aceptar morirme de aburrimiento en unos cinco o diez años. La marcha prenupcial, clásica, no podrían cambiarla a una balada de rock, hubiera entrado bailando en lugar de mis pasos lentos y sin ritmo, con los que logré tropezar tres o cuatro veces, fue gracias a mi padre que no me enrede con mi propio vestido y conseguí llegar hasta el altar, vaya, el sueño de cualquier niña que vive en un cuento de hadas.


Escuché todo el discurso, algo nerviosa, estaba pensando en posibilidades alternas, que tal si huía corriendo, no, mala idea, con mi agilidad y ese vestido seguro llegaría a la mitad de la capilla y caería rodando. El padre estaba a punto de terminar, y llegó mi momento esperado cuando el padre pronunció las palabras, -si hay alguna persona que se oponga, que hable ahora, o que calle para siempre-.

El silencio se prolongo, fue como si se hubiera detenido el tiempo, por un instante pensé que mi conserje se había echado para atrás en nuestro trato, cuando de pronto, no fue él, él que habló, para mi sorpresa y la de todos los invitados, fue un ella.


Era una mujer algo mayor que yo, rubia oxigenada, pero tan segura de si misma como para gritarme que el hombre con él que me casaba era de ella y de nadie más, que había estado con él desde hacia como un año y que los dos se amaban, pero que él se casaba conmigo por compromiso ¡vaya!, pensé para mí misma, no soy la única y de pronto caí en la cuenta.


¡Que!, me la había hecho en mi cara y yo no ni siquiera lo noté, jamás habría esperado algo así, de alguien tan, como él, qué sí me moleste, claro que me enojé, tuve el beneficio de hacerme la ofendida y salir de la iglesia a paso lento y sin que nadie me detuviera.


Se podría decir que salí bien librada, sin embargo como todo ser humano complejo y complicado, después de aquel día, me encontré en un periodo de depresión, finalmente largos años de noviazgo no eran tan fáciles de olvidar, sí es verdad, no me quería casar, pero eso no me quitaba mi oportunidad de sufrir un rato, la libertad me dejó un trago amargo y los constantes regaños de mi madre, mezclados con reclamos del como pude dejar ir al hombre de mi vida, me permitieron crear un nuevo proyecto para entretenerme con algo, conseguirle una vida a mi mamá.

Por zaty
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Sunday 22 march 2009 7 22 /03 /Mar /2009 22:56

Tenia mucho queriendo hacer esto, es gracioso como en mi primera publicacion no tenga ni la mas minima idea de que escribir, veamos, musica tal ves, pero necesito inspiracion, quizas si escucho algo, o cine,  las peliculas que he visto hasta este momento, pero solo puedo recordar la ultima que vi y no fue un gran logro visual, mas bien una pelicula que yo llamo, para no pensar.

Quizas escriba de mi vida personal, la cual esta hecha un caos, ni yo la entiendo, asi que no es tan buena idea, tal ves la vida personal de alguien mas que resutaria a la larga como meterme en asuntos que no me importan y me convierte en una metiche, eso no me gustaria. Que decir de mis gustos, bueno puede que a nadie le interese.

Si, definitivamente hoy no es de esos dias, y para ser la primera tendria que haber hecho algo que valiera la pena, y sin embargo escribi lo primero que se me vino a la mente, pero cual es el punto finalmente es espacio abierto, puedo pasarme horas escribiendo tonterias y a quien le importaria, bueno para ser domingo, creo que tengo mas actividad que lo normal en fin de semana normal, asi que no me puedo quejar.

Puedo prometer que lo proximo que escriba sera algo mas que palabras vanales, y si se molestan por la ortografia, pues ni modo el boton de los acentos solo saca un signo de interrogacion cuando quiero usarlo, asi que tendran que disculpar a mi teclado, que me ha servido muchos años y ahora esta chocheando.

Bien si me permiten ire a hacer mi tarea, que quizas resulte un poco mejor que el debraye que acabo de soltar.

Por zaty
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Thursday 19 march 2009 4 19 /03 /Mar /2009 02:40

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Por zaty
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